
Alumbremos allí donde no llegan las luces de neón de los centros comerciales. Huyamos hacia los bosques, dormiremos bajo los árboles que aún quedan en pie. Entraremos en calor quemando nuestro dinero, nuestras posesiones. Comenzaremos a construir el mundo desde cero. El progreso se medirá por el número de abrazos.
Destruiremos todas estas paredes que hemos levantado entre nosotros, que han dividido el cielo y la tierra en pequeñas y grandes parcelas de propiedad privada donde ir depositando un objeto detrás de otro, sin orden alguno, sin ninguna meta que alcanzar, sin esperanza.
Quedarán abolidos los trajes y los monos de trabajo y las categorias de amo y esclavo. Los pactos entre humanos se cerrarán haciendo el amor.
Pisotearemos nuestros egos, nos quitaremos las máscaras, el ritmo de nuestros días estará marcado por la satisfacción de nuestros deseos y de noche celebraremos nuestra libertad en torno a una gran hoguera. Ninguna voz se alzará por encima de otra, nos dirigiremos al prójimo hablándole al oido y mirándole a los ojos
Crearemos un Frente de Liberación Porcina y okuparemos los Museos y las casas del Jamón. Los cerdos se convertirán en las nuevas estrellas del pop: recorreran las distancias que separan pueblos y ciudades a pié y gruñirán la buena nueva en plazas y mercados. Filólogos especializados en el lenguaje porcino se encargarán de traducir su discurso al lenguaje de los humanos. Una vez que hayan recorrido todo el planeta se sacrificarán y sus gruñidos se harán mito; desplazando la palabra revelada de Jesucristo y de Mahoma.
Desde entonces, sólo se oirán bellas palabras. El esperanto se convertirá en la lengua oficial; no por imposición, sino por deseo espontaneo de todos los seres humanos.
No nos volverá a separar la religión, ni el trabajo, ni el Producto Interior Bruto. Acudiremos a las costas a recibir a nuestros hermanos. Una comisión de expertos, reunida bajo las estrellas, estudiará la forma de mejorar los cayucos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario