miércoles, 25 de marzo de 2009
¡¡Exclamación!!
¡Qué emoción provoca experimentar aquellos gestos auténticos que nos recuerdan, aunque sea durante un pequeño instante, que no estamos sólos, que el aislamiento no es aún completo!
domingo, 8 de marzo de 2009
Henry Miller.

Continuamos con una sección que bien podríamos denominar "citas que deberían ser célebres".
Hoy le toca el turno a Henry Miller que, entre polvo y polvo, aun tuvo tiempo para plasmar por escrito lecciones acerca de cómo vivir.
Una pildora de epicureismo y filosofía oriental extraida del Sexus.
"Cuando cesa el dolor, la vida parece espléndida, aun sin dinero ni amigos ni ambiciones elevadas. Simplemente respirar con facilidad, caminar sin un espasmo o una punzada repentinos. Entonces los cisnes son muy bellos; los árboles también. Hasta los automóviles. La vida se desliza sobre patines de ruedas; la tierra está grávida y produce constantemente nuevos campos de espacio magnético. ¡Ved como inclina el viento las menudas briznas de hierba! Cada brizna es sensible; todo responde. Si la propia tierra sintiera dolor, no podríamos hacer nada para remediarlo. Los planetas nunca tienen dolor de oídos; son inmunes si bien llevan dentro dolor y sufrimiento indecibles".
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sábado, 7 de marzo de 2009
Hoy habla.

Hoy habla Emilio Lledó y su obra El Epicureismo.
"La filosofía tiene que consistir en un ejercicio múltiple de humanización y libertad. Humanización quiere decir conciencia de los límites reales de la vida, reconocimiento del carácter corporal de la existencia y reflexión inmediata y audaz sobre la estructura misma del hecho humano. Libertad quiere decir desarraigo de todos aquellos nudos ideológicos, mitos, ritos religiosos, prejuicios culturales, interpretaciones tradicionales, aposentadas sin crítica en el lenguaje y transmitidas inercialmente en la paideia y en los usos sociales".
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martes, 3 de marzo de 2009
Michel de Montaigne.

Filósofo humanista francés nacido en Burdeos en el año 1533 y fallecido en su castillo el 13 de septiembre de 1592.
De su familia heredó un título y unas propiedades que le permitieron vivir de las rentas. De su amigo Etienne de la Boetie heredó una estupenda biblioteca.
A los 38 años decide olvidarse de los honores y de las preocupaciones mundanas y se encierra en su castillo y dentro de su castillo en una apartada torre, rodeado de libros y de inscripciones en latín. Su único objetivo es filosofar, su única meta conocerse a sí mismo.
En 1580 manda imprimir por primera vez sus ensayos. Una obra heterogénea, pero con un nexo común: la personalidad única de su autor. Una obra extensa, resultado de 10 años de encierro, tiempo suficiente para reflexionar sobre muy diversos temas, en la que fluye con naturalidad el estoicismo, el escepticismo y el epicureismo.
Montaigne se hace popular en vida y es agasajado por papas y reyes. Aunque el escriba a menudo sobre la indiferencia ante los honores mundanos, no rechaza el reconocimiento de su obra. En definitiva, nada de lo humano (vanidad incluida) le es ajeno o, en sus propias palabras, "cada hombre lleva entera la forma de la condición humana".
Muy a su pesar, pues por olgazanería y temple no le resulta de su agrado, es elegido alcalde de su ciudad, Burdeos. Cargo que ocupa hasta que una epidemia de peste le hace huir hacia lugares más seguros con el objetivo de salvaguardar el más preciado bien que poseemos: nuestra propia vida.
Abandona el mundo de los vivos, como ya dije al principio, en 1592, aunque no definitivamente puesto que su ser y su esencia fluyen, a través de los siglos, por medio de sus Ensayos.
Los Ensayos constituyen un continuo escrutinio de su ser. Una obra que puede entenderse, en el peor de los casos, como un ejercicio extremo de egocentrismo. En el mejor de los casos podemos leer los ensayos como la obra de una persona obstinada en la máxima socrática de conocerse a si mismo con el fin de lograr que el ser (uno mismo) y el existir confluyan de la manera más perfecta posible.
Para ello se sirve tanto de su propia experiencia como de un profundo conocimiento de la cultura y de los autores clásicos.
Acepta sin tapujos, y en grado máximo, su condición humana, contentándose con lo que es, reconociendo sus límites.
En definitiva, la aportación más significativa que Montaigne hace a la filosofía y a la historia es poner al hombre en su lugar, sin exaltar, ni denigrar, su figura. Somos, ni más ni menos, lo que somos. Desear ser otra cosa es tan lícito y natural como ingenuo y absurdo.
Imagen tomada de Wallig
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