A menudo, en las refriegas dialécticas, se intenta acabar con el adversario advirtiéndole de una posible, o flagrante, contradicción en sus argumentos. Quien actua así se olvida que el hombre es, en sí mismo, una contradicción, o cuando menos un ente dialéctico en continuo movimiento.
Somos poco más que un momento, que este momento. Seres que aparecen en un lugar y en una época dentro de un devenir histórico.
Existimos, nos buscamos a nosotros mismos y, cuando creemos encontrarnos ya es demasiado tarde, pues o bien hemos desaparecido o bien nos hemos convertido en otro.
Nos transformamos mientras vamos dando paseos a lo largo de la vida, arrastrando nuestras victorias y nuestros fracasos, rodeados por la nada y el vacio, al borde de un precipicio al que, por naturaleza, acabaremos arrojándonos.
Esa es la auténtica y profunda contradicción humana: el haber nacido para morir. Contradicción en la cual participamos todos, sin excepción, como ya advirtieron en su día unos cuantos autores clásicos.
sábado, 7 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario