Esto no es más que un corto paseo, rodeado de cadáveres, diseccionando cuerpos, durmiendo, soñando, follando en una fría morgue. Y cuando despertemos ¿qué pasará cuándo despertemos? Nada, ya no estaremos aquí.
La diferencia entre la vida y la muerte es la verticalidad y la horizontalidad, el cuerpo y el humus, el ser esto (poco) o el no ser nada. Y ¿qué es ese poco que somos?
Una capacidad, la capacidad de elegir. Mientras vivimos tenemos el poder de elegir, cuando fallecemos es la naturaleza la que elige por nosotros; entramos a formar parte de un proceso de descomposición que poco o nada tiene que ver con nuestros deseos, es absurdo oponer resistencia, pues la resistencia es un atributo que pertenece al mundo de los vivos.
Y sin embargo aún estando vivos, aún permaneciendo en pie, son muchas las veces en las que dejamos que sean otros los que elijan por nosotros, compramos deseos ajenos, acatamos pasivamente las órdenes que vienen de entidades autoproclamadas superiores. En una frase: sin elección, sin deseos propios y sin resistencia mortificamos nuestro cuerpo, zombificamos nuestra propia existencia, sonreimos incapaces de ver, escondida detrás de un trocito de carne, nuestra propia calavera: el futuro.
Al final del camino está la muerte, todo lo que nos sucede nos sucede de camino. ¿Cómo renunciar entonces a disfrutar de este corto paseo?
martes, 24 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario