miércoles, 1 de abril de 2009

La letra con sangre entra.


El Estado también enseña a palos.
Cuando un grupo de gente no comprende que toda ley, decreto, plan, medida, etc. que sale de un poder, no se sabe bien cual, tiene por objeto mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, no se sabe bien cómo, es entonces cuando el Estado recurre a la violencia.
Allí donde la propaganda ideológica falla aparecen las fuerzas del orden (político, democrático, capitalista, burgués, usese el adjetivo que más convenga) a poner ídem.
Todo lo anecdótico puede ser discutido, pero hay dos principios elementales que son innegociables: el poder jerarquizado y la propiedad privada. Cualquier movimiento que cuestione esos dos principios será marginado, ridiculizado, caricaturizado, controlado, acusado de terrorismo y, finalmente, aplastado.
La noche se presenta tranquila, aunque los helicópteros sobrevuelen constantemente sobre nuestras cabezas. El mensaje es claro: “No voleis demasiado alto, os estamos vigilando y, en cualquier momento os podemos cortar las alas. No alceis excesivamente la voz, respetad el sueño de los que han elegido vivir dormidos. Vosotros sabeis de nuestras mentiras, pero también de nuestra fuerza. No nos molesteis y no sereis molestados. Sigan el camino, hagan caso de nuestras indicaciones y no exijan más de lo que estamos dispuestos a darles.”

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