
Casi diez años después me vuelvo a encontrar con esta frase, entresacada del Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones de Raoul Vaneigem.
"Ningún problema más importante para mí como el que plantea a lo largo del día la dificultad en inventar una pasión, en realizar un deseo, en construir un sueño como se construye en mi espíritu, por la noche. Mis gestos inacabados me obsesionan y no el porvenir de la raza humana, ni el estado del mundo en el año 2000, ni el futuro condicional, ni los ratones limpiadores de lo abstracto. ¡Si escribo, no es como se suele decir, "para los demás", ni para exorcizarme de sus fantasmas! Enlazo una palabra con otra para salir del aislamiento, del que será preciso que los otros me saquen. Escribo por impaciencia y con impaciencia. Para vivir sin tiempo muerto. Sólo quiero saber de los demás lo que me concierne. Tienen que cuidarse de mí como yo me cuido de ellos. Nuestro proyecto es común. Está fuera de cuestión que el proyecto común se base en una reducción del individuo. No hay ninguna castración más o menos válida. La violencia apolítica de las jóvenes generaciones, su desprecio por las estanterías a precio único de la cultura, del arte, de la ideología; está confirmada por los hechos: la realización individual será obra del "cada uno para sí" entendido colectivamente. Y de manera radical."
Pura electricidad.

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